PRESÉNTALO A TU PRÍNCIPE

“Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Asimismo, cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? dice Jehová de los ejércitos” (Malaquías 1.8)

“Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Mateo 7:12)


Las enseñanzas de Dios son perfectas.

Todos queremos que se nos trate bien, que se nos comprenda, y se nos tenga en cuenta. Pues bien, la Palabra de Dios nos enseña que así primeramente debemos obrar nosotros con los demás. También nos enseña algo muy importante, que es el criterio con el cual evaluar lo que hacemos. “Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto?” (Malaquías 1:8) ¡Qué justo es ese criterio!

En tiempos de Malaquías, los sacerdotes guardaban lo mejor que tenían para disfrutarlo ellos mismos, y lo demás, lo ofrecían al Señor. En nuestros tiempos, la forma de ofrecer es distinta, pero de todas maneras se deben guardar los mismos principios: Primero que todo es el Señor y lo mejor siempre debe ser para él. 

Cuando alguien quiere quedar bien con otra persona, sea su jefe, o un ser querido. ¿Cómo procede?  ¿Hace una comida y separa para ofrecerle la porción más pequeña, la que salió mal cortada o que se haya quemado? De ninguna manera. Seguramente le escogerá la parte mejor. Así debemos obrar con Dios. Y si tenemos dudas de cómo estamos obrando, usemos ese criterio, preguntándonos: ¿Si hoy fuera el día de tal o cual persona, faltaría a verla?, ¿Dejaría que pase el día para recién saludarla? ¿O le ofrecería lo mejor de mí, de mi tiempo y de todo cuanto poseo?


Pensamientos para reflexionar

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