LA AYUDA IDÓNEA (Parte I)

“Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él…Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; más para Adán no se halló ayuda idónea para él. Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre” (Génesis 2:18 y 20-22)


Un creyente contaba que en su juventud había conocido a una joven que era la más linda de la región. Desde que la vio quedó prendado por su belleza. Tuvo oportunidad de conversar con ella y se pusieron de novios. Sin embargo, muy pronto empezó a sentir algo que le hacía mal. Él le había entregado su corazón a Cristo, ella no. Él suspiraba por las cosas del cielo, ella, a esas cosas no le daba ningún valor. Él veía en ella a una muy buena persona, pero no podía compartir con ella nada de Cristo que era lo que llenaba su corazón. Pronto se dieron cuenta de que no tenían nada en común y se separaron. Felizmente, él conoció a una joven cristiana con quien se casó y tuvo un hogar feliz, y siempre recordaba su experiencia para aconsejar a los jóvenes frente al casamiento.

La Palabra de Dios confirma estas cosas: “Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas… Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; La mujer que teme a Jehová, ésa será alabada” (Proverbios 31:10 y 30)

Dios le dio al hombre desde un principio a la mujer como ayuda idónea. (Génesis 2:18) pues, aunque el hombre lo tuviera todo en ese momento, le faltaba alguien con quien conversar, compartir, entenderse, soñar juntos, proyectar… Y para eso, necesitaba una ayuda idónea.

(Continúa en la parte 2)


Pensamientos para reflexionar

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