TORRE FUERTE ES EL NOMBRE DEL SEÑOR (2)

“Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz…  Y siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (Efesios 4:1-3 y 15)


La Iglesia reunida como testimonio a la unidad del cuerpo de Cristo, no debe actuar arbitrariamente, ni de manera sectaria, ni legalista. Sino apegarse a la Palabra de Dios en todo. El Señor en medio de los congregados es la garantía absoluta. Es Su Iglesia (Hechos 20:28) Su Mesa (1 Corintios 10:21) Su Nombre el que nos congrega, y todo suyo. Nosotros, como creyentes, debemos actuar con total temor y reverencia y siempre en amor. Porque la señal distintiva que manifiesta a los que son de Cristo es el amor. “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:35) Ese amor, que conduce a no hacer nada indebido y a guardar su Palabra según el pensamiento de Dios y no según el parecer del hombre.

Todos los cristianos deberían reunirse al Solo Nombre del Señor Jesús, fuera de toda secta o denominación. Y allí donde el Señor los junta, todo dogma humano e interpretación privada, no debe tener cabida, sino solamente, la sana interpretación bíblica basada en las Escrituras. Porque si colocáramos una verdad o principio bíblico, por más puro y santo que sea, por encima del resto de la doctrina cristiana o como base de la comunión cristiana, estaríamos actuando como una secta, pues ese es el principio de toda secta.

Estos principios deben mantenerse, si decimos reunirnos al Solo Nombre del Señor.


Pensamientos para reflexionar

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