SOBRE EL VOLVERSE A DIOS (Parte 2)

“Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar” (Isaías 55:7)

Pues… “Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Salmo 51:17)


Los creyentes, reconocemos que Dios pesa los corazones (Proverbios 21:22) y que sabe exactamente lo que sentimos cuando estamos bajo el sufrimiento. Pero, eso no quita, que Dios quiera escuchar de nuestros labios una confesión sincera de nuestros pecados, que esté en sintonía con él, en relación con lo que hemos hecho.

Debemos confesar nuestros pecados, con la absoluta confianza de que no hay pecado que Dios no pueda perdonar por más grande que este nos parezca, pues Cristo fue hecho pecado por nosotros (2 Corintios 5:21) Y Dios nos perdona en Cristo. Por eso, todo aquel que trabajado por el Espíritu Santo confiesa su pecado sinceramente, obtiene el perdón divino.

Ante Dios, luego de la confesión sincera, el perdón es inmediato. Ante los hombres, quedar limpio de toda maldad quizás requiera algo más de tiempo, pues, ellos no ven nuestro corazón, sino que solo notan los frutos del trabajo del alma.

Por eso, si quien pecó, es alguien que no conoce al Señor Jesús como su Salvador, debe volverse a Dios en arrepentimiento, volcar su corazón en confesión ante él, y recibir a Cristo.

Si quien pecó es un creyente, de la misma manera, aunque su situación es otra, debe volverse a Dios, arrepentido, haciendo confesión de todo cuanto haya hecho. Y Dios, que es fiel a su Palabra y Justo para con Cristo que murió por nuestros pecados, será amplio en perdonar.


Pensamientos para reflexionar

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