“Tú, pues, vuélvete a tu Dios; guarda misericordia y juicio, y en tu Dios confía siempre” (Oseas 12:6)
“Si te volvieres al Omnipotente, serás edificado; Alejarás de tu tienda la aflicción” (Job 22:23)
Hay quienes dicen: Yo me porté mal, pero busqué a Dios… oré y le pedí su ayuda. Sin embargo, nunca tuve respuesta… En situaciones así, quizás, debemos cuestionarnos la manera en la que nos hemos querido acercar a Dios.
Dios nunca nos deja sin respuesta y siempre quiere que nos volvamos a él. Lo que muchas veces sucede, es que buscamos a Dios a nuestra manera, según nuestro parecer. Y ante Dios, las cosas no funcionan así. Debemos recordar que, si bien Dios es amor, y espera que nos volvamos a él, él, es quien dice como tienen que ser las cosas, y no nosotros. Quien se vuelve a Dios debe hacerlo, por el camino del arrepentimiento, confesando sus pecados y esperando en su gracia
Las personas, generalmente, quieren arreglar las cosas con Dios, pero a su manera, sufriendo, muchas veces por remordimiento y no por arrepentimiento, que no es lo mismo.
Algunos dicen: “¡Que Dios me perdone!”, pero no confiesan lo que han hecho. Y Dios dijo que, “si confesamos nuestros pecados él es fiel y justo para perdonarnos de nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9) Por lo cual, es necesario una confesión sincera, y no solamente decir: “Ya está… yo ya pedí perdón. No quiero hablar más del asunto y que con eso baste. Pues no somos nosotros lo que establecemos como Dios debe tratar el asunto.
Continúa en la parte 2
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