ANTE LA PÉRDIDA DE UN SER QUERIDO

¿Quién pudiera llegar a un alma con palabras de verdadero consuelo cuándo atraviesa el dolor de haber perdido a un ser querido? Verdaderamente, todas nuestras buenas intenciones  son limitadas, y aquel que está atravesando un momento así, por lo general, aunque esté rodeado de personas que lo quieran, no encuentra un consuelo efectivo.

¿Y quién será aquel que no haya vivido  en el algún momento de su vida una situación así? Ninguno de nosotros escapa a vivir tales experiencias, y si te encuentras atravesando el dolor del duelo y no encuentras consuelo humano que alivie el dolor de tu corazón;  estas líneas que brotan de un corazón que también ha sufrido, están dirigidas para que conozcas el verdadero consuelo en Cristo Jesús, el Hijo de Dios.

Tómalas como de Su parte, Él es quién en este momento quiere hablarte, y te dice: Ven alma que sufre, siéntate a mi lado y hablaré a tu corazón. Yo sé que clamas y gimes, pero, “clama a mí y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces” (Jeremías 33:3)  “Porque con amor eterno te he amado” (Jeremías 31: 3) Toma la Biblia en tu mano que es mi Santa Palabra. Por ella te hablaré, y fijando  tus ojos en ella verás las cosas eternas. Cosas grandes, en las cuales, quizás en otro tiempo no pensaste, pero que ahora  ves  de otra manera, porque de repente te diste cuenta que todo lo lindo de esta tierra es pasajero y  efímero, y así, como todo produce por momentos gozos y alegrías, también, todo sobre esta tierra está ligado de alguna manera al dolor.  Yo deseo hablarte ahora  en tu dolor, porque te amo, porque no te dejaré de ninguna manera en soledad ahora que estás pasando este momento tan difícil, y puedo hacerlo así porque Yo soy Jesús, el Señor y Salvador que tú debes conocer.

Yo puedo hablarte de la muerte, porque soy el dador de la vida, y “Soy el que vivo y estuve muerto mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte…”. (Apocalipsis 1:18)  Conocí tal experiencia voluntariamente, porque ofrecí mi vida  por ti. En la cruz del Calvario, padecí la muerte en tu lugar. Allí llevé tus pecados y me encontré solo, y a pesar de ser el Hijo  de Dios,  puedo decirte que: “Yo soy el hombre que ha visto aflicción bajo el látigo de su enojo”. Y “Aun cuando clamé y di voces cerró los oídos a mi oración”. (Lamentaciones de Jeremías 3:1 y 8)  ¿Has pensado seriamente alguna vez en esto? Lo padecí por ti, para que no te pierdas, para que te acerques a Dios, sabiendo que él te recibirá con los brazos abiertos porque yo llevé el castigo que te correspondía. Piénsalo, y abre tu corazón. Déjame entrar en él. Déjame que seque tus lágrimas y te dé vida. Lee en mi Palabra, lo que he dicho desde el principio. “El que a mi viene no le hecho fuera” (Juan  6:37) “Venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados (de dolor, de pena, de angustias) y YO os haré descansar”. (Mateo 11:28)

Tan solamente en mí encontrarás lo que necesitas. Sé que muchas veces has buscado el favor de Dios. Has clamado, y has tratado de acercarte de la mejor manera, o de aquella forma que  pensaste era la correcta. Pero aquí estoy para decirte que tan solamente “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida, y que nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6)  Jamás he dejado a nadie sumido en el dolor, cuando con un corazón contrito y humillado ha buscado mi rostro. Nunca he rehusado el morar en un corazón  limpio de pecado, por haberse arrepentido que  me haya  querido recibir.  Yo puedo hablarte de estas cosas, aun en momentos de dolor, porque te ofrezco el verdadero consuelo que tanto necesitas.

Yo sé lo que estás viviendo. La Biblia atestigua de mí diciendo “En toda angustia de ellos Él fue afligido” (Isaías 63:9) Sufrí, por ello te comprendo, como nadie puede hacerlo. En los momentos más angustiosos para mí, cuando caminaba sobre esta tierra en dirección a la cruz, me dirigí a un monte orar. Tomé conmigo a mis discípulos,  los cuales me amaban con todo su corazón, “y  habían permanecido conmigo en mis pruebas”. (Lucas 22:28) pero allí, cuando sobre mi corazón se agolpaba todo el peso de lo que vendría en aquellos momentos de la cruz, donde iba a ser abandonado por Dios, para que el pecado del hombre fuera expiado; ellos no pudieron compartir conmigo esta carga de aflicción.  La llevé solo. En aquellos momentos, yo oraba, y mi sudor eran como grandes gotas de sangre que caían a tierra, pero ellos estaban a una distancia como de un tiro de piedra  (Lucas 22:39-46)  Lee este pasaje y verás ¡Cuánto dolor! Más tenía que ser así, para que se pusiera de manifiesto,  entre otras cosas, que la distancia de  un tiro de piedra, es la distancia a la cual puede llegar el hombre. Mis amados, no pudieron estar conmigo en la intimidad de mi dolor.  Hay un punto hasta el cual se pudieron acercar y acompañar, pero existe una distancia natural, imposible de pasar.  Hoy, tú,  quizás vives algo similar. El consuelo llega  hasta allí, hasta cierto punto,  pero no te preocupes, pues quiero decirte, que yo no tengo la limitación del hombre, No quedo a la distancia  cuando sufres, sino que estoy muy cerca de ti para socorrerte si me buscas. Ten siempre presente: de parte de Dios, viene el verdadero consuelo. En una ocasión me dijeron: “Señor, he aquí el que tú amas está enfermo” (Juan 11: 3) y cuando llegue donde él estaba, la muerte lo había llevado. Estaban en aquel lugar muchos hombres, que lloraban y a acompañaban a las hermanas de Lázaro, los cuales habían venido para consolarlas, y sin embargo,  no había consuelo en el dolor.  Este consuelo invadió su corazón, recién en el momento cuando vieron la gloria de Dios,  dándole nuevamente vida a aquel que había muerto, “porque Yo soy la resurrección y la vida (Juan 11:25)  Así quizás habrás visto que en tu dolor muchos se han acercado para consolarte. Agradécelo, pues aquella simpatía es una muestra de su amor para contigo; pero reconoce hoy que el verdadero consuelo es este que te ofrezco, el consuelo divino que sentirás si me dejas entrar en tu corazón para que  te acompañe el resto de tus días. Ya nunca más sentirás la soledad. Yo seré tu Salvador personal, seré tu guía, el Señor de tu vida, quien no te dejará.

 Has sufrido mucho ya, entrégame  tu corazón. Y “la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento guardará  tu corazón y tus pensamientos”. (Filipenses 4:13)

Muchas cosas aún tengo para decirte, pero quiero que por el momento pienses solamente en esto. Busca en la Biblia y por ella te diré mi voluntad. Deja todo cuanto estás haciendo, y en la intimidad de  tu cuarto, arrodíllate y vuélcame tu corazón. Yo soy Jesús, Quién te revelará el corazón del Padre. Tu Padre Dios, el cual tiene todas las cosas en sus manos. “porque Él es  el que hace la llaga y El la vendará. El hiere y sus manos curan”. (Job 5:18)  Él conoce lo que es el dolor de la muerte, porque entregó al Hijo amado de su corazón en manos de hombres perversos que sin  ninguna consideración  le dieron muerte. ¿Lo ves? ¿Comprendes? Yo soy aquel Hijo que sufrió en la cruz.  Él es mi Padre Dios, que me envió para salvarte. ¿Quién puede comprender mejor al hombre que aquel que es su hacedor y que conoce tan bien su condición? ¿Quién podrá consolar mejor que aquel que por amor se identificó tanto en sus angustias y que las sufrió peores? Piénsalo, “Yo estoy a la puerta y llamo”  estoy llamando a tu corazón por medio de este escrito“Y si alguno oye mi voz, y abre la puerta, entraré a él…” (Apocalipsis 3:20)

Te estoy esperando. Quiero salvar tu alma, quiero darte paz y consolación. Acércate a mí y comprenderás porque está escrito: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación”. (Mateo 5:4)”Cambiaré su lloro en gozo, y los consolaré” (Jeremías 31:13) “Gustad y ved que es bueno el Señor, dichoso el hombre que confía en El” (Salmo 34:8)


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