OBSTRUCCIÓN

“Por lo demás, hermanos, orad … para que la palabra del Señor corra y sea glorificada, así como lo fue entre vosotros” (2 Tesalonicenses 3:1)

“Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas” (Santiago 1:8)


Dos personas conversaban frente a una pileta de lavar la ropa que estaba tapada. Uno de ellos, tomó un paño, hizo con el paño un bollo y comenzó a hacer sopapa golpeando el desagüe una y otra vez. Pasaban los minutos y nada cambiaba, el agua no drenaba, pero aquel hombre seguía con sus movimientos, hasta que finalmente, luego de media hora de maniobras, se sintió un ruido… Un terrón de suciedad apelmazada se desprendió y liberando el paso del agua permitió que la pileta se desagotara.

Esta anécdota que alienta a la perseverancia, va más allá. Nos hace pensar en la obra de Dios en nosotros. Los seres humanos, le ofrecemos una gran resistencia al flujo del agua de la Palabra que Dios utiliza para salvación. La Palabra tendría que correr y penetrar el alma y el espíritu inundándolo todo (Hebreos 4:12) Pero hay cosas que la obstruyen. Cuantos menos impedimentos que la obstruyan, encuentre la palabra, más rápido hará su obra.

Quienes resisten la palabra de vida rechazándola, imposibilitan su salvación. Tienen un corazón tan endurecido que la Palabra no penetra. Sin embargo, Dios sigue llamando. Golpea una y otra vez con esa Palabra que es como un martillo que quebranta la piedra (Jeremías 23:29) hasta que sucede como con el desagüe. Lo que impide el paso de Dios es quitado y allí, sí, Dios es glorificado en la salvación.


Pensamientos para reflexionar

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