“¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios…” (Salmo 42:5)
“Porque no sabes cuál es lo mejor, si esto o aquello, o si lo uno y lo otro es igualmente bueno” (Eclesiastés 11:6)
“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1)
El hombre ve solamente lo que está delante de sus ojos.
Siendo así la condición humana, todos necesitamos tener una esperanza de fe. Hay un cántico que dice: “No juzguéis por los sentidos los designios del Señor, si parece que las pruebas contradicen su amor. Descansad en sus promesas, en su gracia confiad, estas sombras son el manto con que envuelve su bondad” Y verdaderamente es así
¡Qué sabemos nosotros qué será mejor, o cuándo el mejor momento para que suceda? Nuestra apreciación es limitada. Pero, Dios, que conoce todas las cosas y nos ama, sin duda nos dará lo mejor aunque no lo comprendamos ni sepamos cómo podrá hacerlo.
El Señor Jesús dijo a Pedro: “Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después” (Juan 13:7) Los israelitas hubiesen querido que las naciones de la tierra prometida fueran rápidamente extinguidas, pero, Dios les dijo: Jehová tu Dios echará a estas naciones de delante de ti poco a poco; no podrás acabar con ellas en seguida, para que las fieras del campo no se aumenten contra ti. (Deuteronomio 7:22) Pablo, hubiese querido librarse del aguijón en la carne, pero, Dios lo permitió para su bien. (2 Corintios 12:7)
Recordemos hermanos, nosotros, no sabemos que será lo mejor, pero podemos confiar plenamente en que Dios permitirá que lo que nos suceda sea lo mejor, aunque de momento no lo entendamos.
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