“Miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu” (Eclesiastés 1:14)
“Esperan en vanidades ilusorias…” (Salmo 31:6)
“… En pos de vanidades que no aprovechan ni libran, porque son vanidades” (1 Samuel 12:21)
Hay hombres que giran como trompos. Aquel juguete que tiene una forma cónica parecida a una pera con una punta sobre la cual gira. Cuanto más rápido gira, más estable se muestra, ya que cuando se detiene tumba…
Algo así sucede en la vida de quien no tiene a Dios en su corazón, ni en sus pensamientos. “Son como el mar en tempestad que no puede estarse quieto” (Isaías 57:20) Hay algo en su interior que lo lleva a moverse constantemente siempre tras algo. De esa manera se mueve intentando cosas, buscando nuevos placeres, etc. Evitando pensar seriamente en la eternidad y tratando de que no lo afecte la realidad, pues, cuando se detiene a pensar, sufre.
Lamentablemente, esa fuerza en algún momento mengua y ahí, cual trompo que va perdiendo velocidad, comienza su tambaleo hasta que cae ya sin fuerza. Esto sucede comúnmente ante ciertas circunstancias como el duelo, las separaciones, enfermedad, crisis financieras…
La Biblia dice que los soberbios que no quieren saber nada con Dios, no tendrán quien los levante (Jeremías 50:32) Solo aquellos que esperan en el Señor tendrán nuevas fuerzas. (Isaías 40:31) No las fuerzas que toma el hombre en su positivismo y que lo lleva nuevamente a correr tras el viento, sino las verdaderas fuerzas del cielo, las que se reciben cuando uno pone su vida en las manos de Dios creyendo en Cristo como su Salvador.
Pensamientos para reflexionar
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