JOSUÉ, UNA FIGURA DEL ESPÍRITU DE CRISTO

 “Más si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis” (Romanos 8:13)


Moisés fue el hombre enviado por Dios para redimir a su pueblo. En ese detalle encontramos una figura del Señor Jesús, el enviado de Dios, para redimirnos  de la esclavitud del pecado y de Satanás.

La marcha en el desierto, es otra figura de nuestro paso en la tierra, donde marchamos como peregrinos.

El pueblo de Dios, no podía encontrar lo que saciara su alma, en el desierto de este mundo. Sus bendiciones estaban en Canaán, figura de nuestra posición celestial.

Moisés, sacó al pueblo de Egipto, pero quien los introdujo en Canaán fue Josué, su sucesor.

En Josué, encontramos una hermosa figura del Espíritu de Cristo, pues, el Espíritu Santo, llamado también el Espíritu de Cristo, es quien nos hace entrar y gozar de las bendiciones, en una esfera superior a la de este mundo de pecado.

Canaán nos habla de las bendiciones espirituales y celestiales, en las que solamente podemos entrar, conducidos por el Espíritu.

Josué, también, fue quien en el desierto, combatió a Amalec. “Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada” (Éxodo 17:13)

¡Qué perfecta es la Palabra!

Moisés, intercede en lo alto, como Cristo lo hace.

Josué, figura del Espíritu de Cristo, nos asiste para que combatamos a Amalec, la carne; hasta deshacerla a filo de espada, figura de la Palabra de Dios.  (Hebreos 4:12)


Pensamientos para reflexionar

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