“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25)
“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados” (Efesios 2:1)
En el relato de la muerte de Lázaro (Juan 11:1-44) podemos ver, entre otras cosas, figurativamente la venida de Cristo para darnos vida.
El Señor sabía que aquel ser que amaba estaba enfermo, pero, se presentó en la escena de muerte, cuando lo que amaba, estaba probado totalmente que había muerto. “Hedía, pues era de cuatro días” (Juan 11: 39)
La Biblia dice: “Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día” (2 Pedro 3:8) Y sorpresivamente, la Biblia nos muestra que desde Adán, hasta Cristo, pasaron cuatro mil años, equivalente podríamos pensar a los cuatro días.
Jesús llegó, y tal como había dicho, el Hijo de Dios sería glorificado en tal situación, como efectivamente lo fue, venciendo a la muerte.
El Señor Jesús vino “Para darnos vida” (Juan 10:10) Profundamente conmovido se acercó a “nuestro sepulcro”, porque le pesó en su corazón vernos muertos en nuestros delitos y pecados.
Cuando el vino a nosotros, nos encontrábamos en la misma situación que Lázaro. Sin embargo, era la hora cuando los muertos oirían la voz del Hijo de Dios, y los que la oyeran, vivirían (Juan 5:25)
Lázaro oyó esa voz “Y volvió a la vida” (Juan 11:44)
Nosotros, los creyentes, también pasamos de muerte a vida, cuando oyendo la voz del Señor Jesús respondimos a su llamado.
Pensamiento para reflexionar
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