“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres” (Filipenses 2:5-7)
(Leer Mateo 17:24-27)
Un día se acercaron a Jesús los que cobraban el impuesto para el mantenimiento del templo, para cobrarle las dos dracmas y le preguntaron a Pedro, si su maestro no pagaba ese impuesto. Pedro rápidamente contestó: sí. Luego el Señor le hizo ver a Pedro que, los impuestos, debía pagarlos el pueblo, no los hijos, pues estos están exentos. Haciéndole ver que él, como Hijo de Dios, no estaba en la obligación de pagarlo, pero, que, sin embargo, para no ofenderles, vaya y arroje el anzuelo que en el primer que pescara estaría la moneda para pagar.
¡Qué maravilloso! El Hijo de Dios, humildemente paga tributo, mientras la creación misma, lo creado, ¡le rinde tributo a él su creador!
Es aleccionador también, ver el proceder de Pedro en ese milagro. Si bien Pedro se adelantó a contestar, luego es un ejemplo, pues, va en busca de ese milagro con todo cuanto se necesitaba para recibirlo.
Primeramente obedece. Si nosotros, esperamos que Dios obre un milagro en nuestras vidas, debemos obedecer, no salirnos bajo ningún concepto del camino de la obediencia.
Luego Pedro manifiesta confianza. Él confía. Algo imprescindible para quien espera recibir algo de Dios.
Por último, Pedro, espera con paciencia que aquel pez pique. No desespera, no desiste, sino espera y ve la gloria de Dios en aquel milagro.
Así, debemos esperar nosotros ese milagro divino que necesitamos que Dios esté obrando.
Pensamientos para reflexionar
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