“Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer” (Juan 15:13-15)
Aristóteles, definió la amistad en tres tipos o clases. Amistad por utilidad (Beneficio mutuo), por placer (diversión) y por virtud (Lo más elevado, donde se ama al amigo por lo que es) Y mediante esta definición, uno puede comprender porque a pesar de los sentimientos contraídos, muchas de las amistades con el tiempo ya no están presentes.
A medida que pasa el tiempo, uno va creciendo, cambiando de ambiente, de trabajo, de gustos y actividades. Por lo cual, ya no tiene las mismas necesidades ni hace las mismas cosas frecuentando los mismos lugares. Y así, muchas amistades van quedando en el camino. Amistades con quienes, sin habernos peleado, y sin dejarlos de apreciar, nos dejamos de ver, quedándonos solamente aquellas amistades que mantenemos por virtud. Aquellos que uno ama, por lo que son, más allá de lo que brinden o compartan en ese momento. Esas amistades permanecen para siempre.
La Biblia nos presenta a Jesucristo como el mejor amigo (Proverbios 17:17, 18:24) Quien permanece para siempre.
Primeramente, gustamos de él el beneficio, la utilidad. Pues, Él nos da vida eterna, nos da su paz… Pero también gustamos por placer, pues en su presencia hay plenitud de gozo (Salmos 16:11) Y seguimos siempre unidos por virtud, por lo que es, ya que nosotros lo amamos a él porque él nos amó primero (1 Juan 4:19)
Él es nuestro mejor amigo. Su amor permanece para siempre.
“Es Jesucristo mi Amigo mejor, Tierno y amante cual otro no habrá;
Toda mi vida descansa en su amor, Tan solo en Él segura estará”
Himno 152 Himnos y Cánticos
Pensamientos para reflexionar
Todos los escritos