“A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche. ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura. Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma” (Isaías 55:1-3)
Algunos se preguntan ¿qué es lo que hace que las personas piensen en Dios, vayan a reuniones cristianas y se interesen por cosas que antes no les importaban? Sin duda, lo que logra que alguien tome conciencia de la existencia de Dios y de la fragilidad humana, lo origina Él mismo, por medio de su Palabra y la acción del Espíritu Santo. No se produce por miedo ni por la culpa que los incrédulos dicen que genera la religión, sino que, se da al experimentar esa sensación de vacío interno, disconformidad existencial y falta de sentido de la vida. Toda persona sincera, reconocerá haber experimentado sentimientos similares. No es solo culpa y temor, pues, muchos están tan endurecidos y pervertidos que ya no sienten nada, y aunque vivan haciendo lo que desean, no pueden evitar encontrarse desesperanzados y desolados.
Debido a esto, cuando Dios trabaja los corazones, la tarea del diablo es desviar la atención de las personas “para que no crean y se salven” (Lucas 8:12).
Por eso, si tú que lees este devocional, sientes que la vida no tiene sentido, estas triste y vacío, cierra tus oídos a los susurros del diablo que desea engañarte, haciéndote creer que eso que sientes es normal, y tienes la fuerza para superarlo. Escucha a Dios que te conduce a Cristo, para que le entregues tu vida, lo recibas como tu salvador y tu vida cambie.
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