LAS GLORIAS DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18)


En Jesús se ven claramente tres tipos de gloria*.

Su gloria personal, como Hijo de Dios.

Su gloria Oficial, como Mesías, Rey de Israel.

Y su gloria moral, la cual se manifestó, en todas sus acciones como hombre perfecto.

La gloria personal de nuestro Señor fue velada con su humanidad. No se presentó entre nosotros en su majestad divina. Sino que fue visto como un hombre, a tal punto que la gente decía: “¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón?” (Marcos 6:3).

También veló su gloria oficial, pues no se mostró en la tierra como el Rey de Reyes.

A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Juan 1:11), diciendo: “No queremos que éste reine sobre nosotros” (Lucas 19:14). Solamente los creyentes, pudieron ver más allá, y discernir en él, al Hijo de Dios, al rey de Israel (Juan 1:49).

La que no fue ocultada, fue su gloria moral, pues en sus palabras, su silencio y sus acciones, Jesús, siempre manifestó perfección. “Crecía… en gracia para con Dios y los hombres” (Lucas 2:52). Se maravillaban con las palabras de su boca, dichas con gracia y autoridad moral (véase Lucas 4:22 y 36).

Esta gloria moral hizo que Dios volviera a tener agrado en un hombre, que debía ser perfecto como nuestro Salvador, y Sustituto en el juicio por el pecado.

*Gloria: Es lo esplendoroso, el resplandor que emana refulgente de alguien o algo


Pensamientos para reflexionar

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