CORRIENDO LA CARRERA CRISTIANA, LA IMPORTANCIA DE CONGREGARSE

“corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante” (Hebreos 12:1).

“Así que, yo de esta manera corro” (1° Corintios 9:26).

“conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación” (1 Pedro 1:17).


Los gansos canadienses, migran al sur en invierno y al norte en verano, volando miles de

kilómetros en forma de V.

La ciencia demostró que el aleteo del de adelante, genera sustentación aerodinámica para el de atrás, que utiliza menos energía para recorrer la misma distancia.

El líder realiza el mayor esfuerzo pues no recibe sustentación extra, pero cuando se cansa, otro toma su lugar y él vuelve a la formación para volar con la sustentación del delantero y proveer al de atrás.

Nunca un joven inexperto y con pocas fuerzas va adelante.

Los de atrás, graznan para alentar al líder.

Si uno se debilita o es alcanzado por alguna bala, dos compañeros salen con él, y lo ministran en tierra hasta que esté en condiciones de volver, y parten, volando en V hasta unirse a otro grupo migratorio.

¿Qué podríamos aprender de estas aves?

El Señor llama a los discípulos ovejas.

La oveja es un animal gregario, necesita estar en compañía de semejantes, y de un líder que la conduzca.

Para correr la carrera de la fe, necesitamos estar acompañados por otros que vayan adelante para facilitarnos el derrotero y nosotros ayudar a los que vienen detrás.

Nadie puede ser el líder siempre. Sino que en la conducción de la asamblea debe haber varios hermanos ancianos, responsables.

Si nos congregamos, siempre tendremos hermanos que puedan ayudarnos mientras dure nuestra dificultad, para luego volver fortalecidos.


Pensamientos para reflexionar

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