“Sea con vosotros gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y del Señor Jesucristo, Hijo del Padre, en verdad y en amor” (2 Juan 1:3)
“El conocimiento envanece, pero el amor edifica” (1 Corintios 8:1)
El capítulo 12 de la primera epístola a los Corintios trata sobre los dones espirituales y la diversidad de sus manifestaciones para la edificación del cuerpo de Cristo. El capítulo 14 se refiere al uso ordenado de esos dones en las reuniones. Pero en el medio, está el capítulo 13, que trata sobre el amor.
¿Por qué el Señor quiso que esas enseñanzas acerca del amor estuviesen justamente allí?
Porque “el amor edifica” (1 Corintios 8:1).
Por eso es necesario que se nos diga una y otra vez: “todas vuestras cosas sean hechas con amor” (1 Corintios 16:14).
No puede haber edificación, fortalecimiento en la fe y en el andar cristiano en una congregación, si falta el amor. Podremos tener verdaderos dones y muchas capacidades espirituales, pero, sin amor, nada sirve.
“El amor es de Dios” (1 Juan 4:7), y es una manifestación de Cristo en los creyentes.
Juan, quedó maravillado viendo el amor del Señor revelado en gracia y dijo pleno de admiración: “Vimos su gloria, gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14).
Ahora, Dios quiere encontrar esa demostración de gracia en los cristianos, y la gente necesita ver esa expresión del Señor Jesús en nosotros.
Recordemos: Si deseamos que almas nuevas se agreguen al testimonio, y que haya crecimiento espiritual entre los congregados, debemos desear los mejores dones, pero principalmente que abunde el amor.
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