“En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar” (Hechos 1:1)
“Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis” (Juan 13:17)
Todos hemos visto alguna vez como, luego de alguna campaña evangelística, se insta a las personas a que luego de su confesión de fe, sigan adelante y busquen una “Iglesia” cerca de sus casas… Comprendemos que esto se dice con la mejor intención, para incentivarlos a congregarse y por ende crecer en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Sin embargo, no está bien decirles así, pues, muchas veces lo de cerca de su casa es una congregación de creyentes que forman una secta más dentro de la gran cristiandad y donde seguramente serán confundidos y mal enseñados.
Teniendo en cuenta esto, hay quienes aconsejan entonces, no concurrir a cualquier sitio, sino a buscar un lugar donde se predique la sana doctrina verdaderamente. Esto, entonces es mucho mejor. Sin embargo, debido a la gran debilidad en la que se encuentra la fe cristiana en nuestros días, debemos ir aún más lejos, y no solamente, aconsejarles a que busquen en un lugar donde se predique la sana doctrina, sino además, donde reunidos en torno al Señor Jesús, vivan la sana doctrina que se predica. Porque la bienaventuranza no radica en conocer que dijo el Señor, sino en vivir conforme a eso. (Véase Juan 13:17) Aquel que guarda los mandamientos del Señor y los enseña a otros, será llamado grande en el reino de los cielos (Mateo 5:19)
Continúa en la parte 2
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