TODOS PUEDEN

“Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:4,5)


El ingenio popular suele pronunciarse graciosamente.

Un transportista llamado Pablo, al comprar un camión nuevo, le escribió en la parte trasera: “Si querés uno igualito, trabaja como Pablito…”  Haciendo sonreír a quienes lo veían.

Un creyente aplicaba ese principio a la vida espiritual y decía: De nada vale que nos excusemos ante Dios diciendo: “Somos humanos, tenemos nuestras debilidades…”  “No somos el apóstol Pablo, ni Pedro, ni Juan…” Pues, obviamente, no somos ellos, ni somos apóstoles como ellos, enviados a colocar las bases de la fe cristiana. Sin embargo, para ser fieles no hay excusas. Pues, igualmente, Dios nos ha llamado a la comunión con su Hijo Jesucristo (1 Corintios 1:9) Y si tuviéramos, la misma entrega de corazón, gozaríamos de la misma intimidad preciosa con el Señor que gozaron ellos, viviendo en las alturas espirituales más maravillosas para la gloria de Dios.

Si nuestra vida y nuestra preocupación sería Cristo (Filipenses 1:21) Y no el futbol, el arte, la política ni las demás cosas que llenan el corazón de los hombres terrenales, nuestra vida espiritual sería como la de ellos.

Santiago, al hablar de Elías y su oración eficaz, dice que fue un hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras (Santiago 5:17)

Por lo cual, si quisiéramos ser semejantes a ellos y que el Señor nos utilizará para su gloria, deberíamos esforzarnos en vivir una vida de fe más espiritual.


Pensamientos para reflexionar

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