“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2)
Hay algo que nunca estará de acuerdo con Dios, y es la carne, nuestra naturaleza pecaminosa.
Sabiendo esto, Satanás argumenta cosas que la carne acepta gustosa
Por ejemplo, cuando Dios dice:
“Aunque el pecador haga mal cien veces, y prolongue sus días, con todo yo también sé que les irá bien a los que a Dios temen, los que temen ante su presencia” (Eclesiastés 8:12)
Satanás, lo discutirá, diciendo, que les irá bien, pero, relativamente, no en las cosas importantes. Astutamente dirá: Quizás les vaya bien, y no les falte que comer, pero nunca se harán ricos…
¡Estas mentiras encontrarán siempre oídos prestos! Pues el hombre carnal siempre querrá enriquecerse.
El creyente ya fue enriquecido, y es heredero de Dios (Gálatas 4:7) Con riquezas que sobrepasan a las de esta tierra, las cuales son inciertas (1 Timoteo 6:17) “Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición” (1 Timoteo 6:9)
De esta manera, cada declaración de Dios, el diablo la objetará, induciéndonos al razonamiento carnal.
La carne es irremediable. “porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede” (Romanos 8:7)
Por eso, Dios no mejoró esa carne, sino que nos dio una nueva naturaleza.
Para pensar como Dios, es necesario nacer de nuevo. (Juan 3)
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