“No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, Sino a tu nombre da gloria, Por tu misericordia, por tu verdad” (Salmo 115:1)
“Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas” (Santiago 1:18)
Algunos preguntan. ¿Usted a cuantos convirtió? Ante tal pregunta, todos debemos contestar lo mismo: A ninguno… Pues, no es el hombre el que convierte a las personas a Cristo. Porque “Lo vence Dios y no el hombre” (Job 32:13) Las personas se convierten, por el trabajo del Espíritu Santo que convence de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16:8) y la acción de la Palabra que convierte al alma (Salmo 19:7)
Nosotros, podemos hablarles de Cristo a las personas, presentarles el evangelio instándolos a que se vuelvan a Dios… Pero no podemos hacer que crean y que abran su corazón. Podemos influenciar a las personas y explicarles con detenimiento cual es el plan de Dios, pero, hay una resistencia en el hombre que lo lleva continuamente al rechazo. Claro que muchos creen en la existencia de Dios, en el bien que promueve el cristianismo, etc. Y eso nos pone contentos. Pero el rechazo está, porque las personas, aun sintiendo un gran vacío existencial y tantas otras consecuencias del pecado que los agobian, no quieren cambiar su naturaleza, con sus hábitos y costumbres. Y justamente, lo que los hace perderse, sufrir y ser como son, es su naturaleza pecaminosa, de la cual no pueden sustraerse, a no ser que se conviertan y Dios los haga nacer de nuevo
Pero, ese trabajo, volvemos a decirlo, no lo hacemos nosotros, sino que es obra de Dios.
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