“Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina” (Tito 2:1)
“Hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones” (Efesios 5:19)
Es hermoso cuando los cristianos damos un testimonio claro del Señor Jesús en nuestras vidas, con nuestros hechos y nuestras palabras.
Del Señor se maravillaban al oír “las palabras de gracia que salían de su boca” (Lucas 4:22) En tiempos como los que vivimos, de tanto egoísmo, disconformidad y quejas, ¡qué lindo es encontrarse con alguien que tenga palabras de gracia!
En tiempos de tanta corrupción y vulgaridad, ¡qué lindo es oír hablar a alguien con palabras de gracia, sazonadas con sal! (Colosenses 4:6) Ya que la sal, figurativamente, es aquello que evita que las cosas se corrompan y da un sabor agradable. Los creyentes estamos llamados a hablar así, con amor y verdad.
Fácilmente, nos acostumbramos a hablar como el mundo, utilizando su léxico, y sus costumbres. Sin embargo, los cristianos debemos honrar al Señor con nuestro hablar, y no, a congeniar con el mundo para pasar desapercibidos. De Pedro se dijo: “Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre” (Mateo 26:73) y en otra ocasión: “viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús” (Hechos 4:13)
¡Qué hermoso es cuando la gente ve algo distinto en alguna persona, antes de enterarse de que es cristiana! ¡Eso también es un buen testimonio!
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