RESIGNACIÓN Y ACEPTACIÓN

 “El Señor dio, y el Señor quitó; sea el nombre del Señor bendito. En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno” (Job: 1.21,22)


Necesitamos reconocer bien la diferencia que hay entre RESIGNACIÓN Y ACEPTACIÓN.

RESIGNACIÓN es aceptar algo molesto o perjudicial como irremediable, generalmente después de haber luchado para evitarlo.

ACEPTACIÓN es aprobar, dar por bueno, o recibir algo de forma voluntaria y sin oposición.

El cristiano, al conocer el amor de Dios (1 Juan 3:16) Al saber que Dios está por sobre todas las cosas (Eclesiastés 5:8) y al confiar que finalmente, conducirá todo para su bien (Romanos 8:28), ACEPTA lo que le pasa y tiene paz en su corazón. En cambio, quien no obra por fe, se  RESIGNA, quedándose con el sabor amargo de la insatisfacción, porque no puede hacer nada ante aquello que no quiere que le suceda, pero que tiene que soportar igualmente.

En la ACEPTACIÓN de lo que Dios hace, obra la fe, y la fe honra a Dios.

En la RESIGNACIÓN no obra la fe, y “sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6)

La aceptación de la voluntad de Dios, no se basa en el fatalismo, ni en sentimientos estoicos, sino en la confianza en Dios.

Quien se resigna ante las cosas que no puede cambiar, nunca será feliz, porque la resignación, o excluye a Dios o lo responsabiliza de todo interpretándolo como injusto.

Bienaventurado quien confía en Dios, aun, cuando no comprende porque suceden las cosas. Porque eso es fe.


Pensamientos para reflexionar

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