¿QUÉ TERRIBLE ES CUÁNDO EL SEÑOR DEBE RETIRAR SU CANDELERO!


Hay grupos de creyentes que piensan que su congregación, al tener vínculos de comunión con otras Asambleas que se reúnen sobre los mismos principios, tienen una concesión vitalicia dada por el Señor. Y que, hagan lo que hagan, nadie les puede decir nada, pues a pesar de la correlación que tienen con las demás Asambleas, nadie puede quitarles el privilegio de ser el testimonio de la Iglesia en su localidad.   Estos pensamientos, sumados a la debilidad que nos caracteriza en estos últimos tiempos, donde no abundan las visitas entre Asambleas, y el servicio de hermanos que en virtud del don que han recibido, visiten las congregaciones ayudando de parte del Señor, también escasea, o es hasta incluso menospreciado. Hace que las congregaciones, fijen posturas, sin contemplar que piensa el resto de los hermanos, lo cual es muy peligroso.

En el círculo de creyentes que se encuentran bajo los reglamentos y dogmas de fe de una denominación, estas cosas no suceden, pues hay un clero establecido que ordena las cosas e impone sus decisiones. Pero,  donde los hermanos se congregan al Sólo Nombre del Señor, sin otra autoridad que la del Señor y la de su Palabra, pueden suceder muy fácilmente, y de hecho suceden estas cosas tristemente, pues los congregados hacia el Nombre del Señor, deben ser sensibles a las directivas de Dios, y reconocer que si bien, la autoridad en la Iglesia siempre es algo divino, el Señor también confiere su autoridad a algunas personas fieles en su Iglesia para que sean sobreveedores y custodien que las cosas se hagan conforme a la voluntad de Dios y no, a caprichos interpretativos, costumbres culturales, influencias familiares ni interpretaciones privadas. Estas personas a los cuales el Señor los dota y pone por su Espíritu para apacentar su Iglesia, cuidando de su rebaño, son los que las Escrituras llama ancianos, que es básicamente lo mismo que presbíteros y obispos… Con funciones, que no todos son llamados a ocupar y que no se pueden usurpar. Por eso, donde hay carencia de la pluralidad de estos hermanos, o donde se encuentren entronizados por fuerza, o por “decantación familiar” hay una deficiencia ante los ojos de Dios que debe ser solucionada.

Cuando cosas así suceden, el Señor manifiesta en la Asamblea que algo está mal, pero si no se corrigen las cosas, la sensibilidad espiritual se verá afectada de tal manera, que luego se mostrarán indolentes a todo lo que el Señor les muestre. Obligándolo a actuar de una manera más severa. Si a pesar de todo, se continúa adelante, la comunión entre los hermanos se verá afectada, e inclusive se verá afectada la comunión real con otras Asambleas vecinas, ocasionando todo el perjuicio que sabemos que estas cosas producen. Quizás, al principio, nadie venga y diga nada, pero la congregación se sentirá aislada.

Si a pesar de eso, se sigue adelante, lo que se verá afectado seriamente será el amor fraternal. Los hermanos se enfriarán en su amor unos con otros y comenzarán a ser indolentes ante los que vayan quedado tendidos en el camino. Y así seguirán, confundiendo este estado espiritual tan triste, con espiritualidad. Como si a estas cosas sucedieran por fidelidad al Señor.

¡Cuidado hermanos! El Señor nos advierte en su Palabra acerca de estas cosas. La Iglesia en Efeso había gozado un estado espiritual muy grande, lo cual permitió que fuese a ella a quien el Señor les diera una revelación espiritual muy alta como la encontramos en la Epístola de Pablo a los Efesios. Sin embargo, luego en Apocalipsis se nos dice que a pesar de que el Señor reconociera sus obras, su gran trabajo y paciencia, algo habían hecho que era digno de reprensión: Habían dejado su primer amor… (Apocalipsis 2:1-7) Y como para que las cosas cuenten verdaderamente delante de Dios, todo debe ser hecho con amor, la observación que nos haga el Señor acerca del amor, es algo ante lo cual debemos parar mientes, pues, el amor, es el elemento que actúa como motor fundamental para todo en la Asamblea. La Iglesia tiene la función de sostener y defender la verdad (1 Timoteo 3:15) Pero los creyentes seremos reconocidos como discípulos del Señor, cuando manifestamos amor los unos con los otros. (Juan 13:35)

La falta de amor, la insensibilidad espiritual, hace que el Señor obre severamente. A la iglesia en Efeso se le dice que, si no se arrepentía y corregía las cosas, el Señor se vería obligado a quitar su candelero de allí.

El Apocalipsis utiliza un lenguaje simbólico. El candelero es el testimonio de la Iglesia como portadora de la luz de Cristo. Cuando el Señor quita el candelero de algún lugar, no significa que en ese lugar dejan de haber cristianos reunidos, sino que retira de allí su testimonio. Quienes pensaban que allí tenían una concesión vitalicia dada por el Señor, se encuentra ahora frente a la verdad que el privilegio de estar congregados en el Nombre del Señor, contando con su presencia en medio de ellos, siendo un testimonio de lo que es la Iglesia del Señor, en ese determinado lugar, les es retirado. Ahora sigue una congregación, pero reunida sobre principios humanos, la cual puede autosostenerse económica y socialmente, e incluso estar llenas de pretensiones, pero que ha dejado de representar el testimonio de la Iglesia de Jesucristo, pues, el candelero les fue quitado.

En otras palabras, cuando no hay arrepentimiento, el Señor retira su presencia aprobatoria de un lugar determinado. donde la Iglesia se congregaba, y quedan allí sin la influencia espiritual y el poder para poder alumbrar. Esto, aunque la debilidad reinante a nuestro alrededor ni lo perciba, como Dios no puede ser burlado, lo manifestará en su momento.

Esto es realmente serio. Debemos velar y conducirnos humildemente delante del Señor. Y ante las cosas que nos suceden humillarnos, pidiendo que el Señor sea propicio en su gracia para con nosotros. No pensar que como son los últimos tiempos, todo absolutamente cuando nos sucede es debido a la debilidad de los otros y la fe y firmeza nuestra. Debemos reconocer nuestros pecados, nuestras faltas, errores y debilidades, para que el Señor nos levante, podamos levantar aquellas cosas que están caídas.

Hermanos, tengamos en cuenta al menos estas dos cosas. Que el Señor nos haya dado el privilegio de reunirnos hacia su Nombre, no es una concesión vitalicia que mantendremos a pesar de todo lo que nos pase. Sino un privilegio que gozaremos mientras nos guardemos en fidelidad, pues de lo contrario, lo podemos perder. La Palabra es clara con respecto a lo que el Espíritu dice a las iglesias: Si no nos arrepentimos y obramos fielmente, el Señor puede retirar el candelero.

Además, que delante del Señor somos responsables de los privilegios que tenemos y que por ellos deberemos rendir cuentas. Cuando lleguemos a la presencia del Señor, tal como sucedió con aquellos hombres que salieron de la cautividad, en tiempos de Esdras, al llegar a Jerusalén, todo cuanto se les había confiado, fue contado por cuenta y peso. (Esdras 8:34) Lo cual nos enseña, lo solemne que es el cuidado de todo cuanto el Señor nos haya confiado. Bienes espirituales, verdades y almas, para que no dejemos nada tirado ni perdido en el camino.

No olvidemos que actuar ligeramente en la Asamblea siempre conduce al liberalismo que el Señor reprueba. Pero, negarnos a vivir la vida cristiana como deberíamos, cerrando las puertas herméticamente para que el mal no nos invada, no solo nos conducirá a una debilidad crónica, sino que nos hará perder toda sensibilidad espiritual para obrar de una manera justa, y para poder mantenerlo, nos hará caer, en alguna forma de legalismo que igualmente el Señor reprueba.

Estas verdades para muchos cristianos no tienen mucho sentido, pues siempre se han congregado bajo la conducción de alguna forma de clero, pero toman todo su peso frente a creyentes que han salido de toda forma clerical humana, para reunirse al solo nombre del Señor, donde, tal como lo prometió el Señor Jesús se cuenta con su presencia como centro de la reunión verdaderamente (Mateo 18:20)

No es tiempo de soberbias, ni de acusaciones, es tiempo de humillarnos bajo la poderosa mano de Dios (1 Pedro 5:6) y buscar su misericordia. Si lo hacemos, a pesar de los tiempos que vivimos, él nos levantará, pues hay muchos creyentes que sufren este estado de cosas.


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Pensamientos para reflexionar

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