LAS OVEJAS

“Y nosotros, pueblo tuyo, y ovejas de tu prado, Te alabaremos para siempre; De generación en generación cantaremos tus alabanzas” (Salmo 79:13)


Las competencias deportivas hacen que los equipos se denominen con apodos  que sugieren fuerza, intrepidez, bravura. Por eso, se identifican con toros, leones, pumas, tigres… Sin embargo, Jesús, a los suyos los denominó ovejas.

Las ovejas son dulces, mansas e inteligentes, pero no poseen las características que llaman la atención de los hombres. No son fuertes, ni poseen un alto grado de orientación, ni de olfato. Se distraen con facilidad y una vez extraviadas sufren, porque no saben volver. Son de condición gregaria y necesitan  un pastor que las conduzca y las cuide. Por lo general, en el mundo, esto es un signo de debilidad. Pero podemos decir: “de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo… porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:9,10)

Suena paradójico, pero no lo es. La verdadera fuerza, no es la de la autosuficiencia, sino la de la  comunión íntima con Cristo. ¿Cuál es la oveja  que está más segura? La que se mantiene siempre cerca del buen pastor. Allí goza de seguridad porque él le dio vida eterna y  concedió libertad.  “Entrará, y saldrá, y hallará pastos” (Juan 10:9) Cuando una oveja se aparta del resto alejándose del pastor, muestra que no está bien, y corre el riesgo de ser devorada. (1 Pedro 5:8)


Pensamientos para reflexionar

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