“No escribo esto para avergonzaros, sino para amonestaros como a hijos míos amados. Porque, aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis muchos padres; pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio” (1 Corintios 4:14,15)
“Te ruego por mi hijo Onésimo, a quien engendré en mis prisiones” (Filemón 1:10)
El mundo occidental se alarma ante el índice de natalidad que tienen sus países, el cual se encuentra por debajo del índice que se necesita para que haya un reemplazo generacional y que una nación, una cultura, etc. no desaparezca en el tiempo.
El índice necesario para el sostenimiento de la población es de 2,1 hijos por mujer. Argentina, está por debajo de ese nivel. Solo tiene 1,4 promedio, mientras que Europa, globalmente, tiene 1,38. Eso inquieta muchísimo cuando se compara con el índice de natalidad de los países musulmanes que avanzan dentro de su territorio.
Cuando pensamos en la Asamblea también nos preguntamos: ¿Qué índice de nacimientos espirituales se necesitarán para que una congregación crezca y permanezca? Y allí nos inquietamos.
Muchas veces la congregación se mantiene porque se suman personas ya salvas que vienen de otro lugar, que dejaron de congregarse en otro lugar. Pero, la Iglesia debe crecer por multiplicación, no por división. La iglesia crece verdaderamente mediante las conversiones de personas que nacen de nuevo.
Los tiempos son malos, la gente no quiere saber nada de Dios, pero Dios sigue salvando a las personas. Y así como en la antigüedad le prometió a su pueblo que si eran fieles no habría entre ellos esterilidad (Levítico 7:14) En lo espiritual, si somos fieles y no descuidamos la proclamación del evangelio de salvación, Dios obrará, y veremos entre nosotros conversiones notables.
Pensamientos para reflexionar
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