Jesús dijo: No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento. (Lucas 5:32)
“Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios” (Romanos 2:5)
Si estás sufriendo a causa de una enfermedad, necesitas tratamiento médico, terapia, medicación… Pues las enfermedades requieren tratamiento. Pero si sufres a causa del pecado, necesitas arrepentimiento…
Hablar del pecado es impopular y para muchos resulta molesto. Sin embargo, lo que Dios llama pecado, es una realidad que no podemos negar. No es simplemente una debilidad que necesita fortalecimiento. Ni una enfermedad, como muchos catalogan a ciertas formas de pecado, para evitar la responsabilidad de la culpa. No podemos catalogar mal al pecado, ni tratar de solucionar sus consecuencias sobre una apreciación falsa. Una enfermedad necesita tratamiento. El pecado requiere arrepentimiento.
Algunos dicen que no se debe sentir culpa por nada. Porque lo que pasó, aunque te haya arruinado te dejó enseñanzas. Dios opina lo contrario. El nos da las advertencias para que no tengamos que hacer las malas experiencias. Obviamente, no deben ser los cristianos los acusadores seriales, sino los portadores de la gracia de Dios. Pero, llamando las cosas por su nombre. Una enfermedad, la mayoría de las veces, no responsabiliza a quien la padece. Uno puede enfermarse sin haber hecho nada que lo amerite. Pero, con el pecado es distinto. El pecado responsabiliza a quien lo comete, porque es un hecho deliberadamente realizado contra la voluntad y el pensamiento de Dios. Por tal motivo, una enfermedad necesita tratamiento, pero el pecado, necesita arrepentimiento para perdón, por medio de Jesucristo. (Lucas 24:47)
Pensamientos para reflexionar
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