“Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Malaquías 3:7)
“¿Por qué querréis ser castigados aún? ¿Todavía os rebelaréis? Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente” (Isaías 1:5)
Isaías profetizó, acusando al pueblo y llamándolos al arrepentimiento, pues, a pesar de toda la religiosidad que tenían, habían dejado a Jehová su Dios (Véase Isaías 1:1-9).
El primer capítulo de su profecía nos habla elocuentemente, pues, aquellas exhortaciones se aplican muy bien en la actualidad.
En el relato se les recuerda, que aún los animales, conocen a quien los alimenta y los cuida, pero, lamentablemente los hombres no. Pues el ser humano es ingrato y creyéndose autosuficiente desecha al Creador.
Dejar a Dios inevitablemente trae sus secuelas. Debemos recordar que pecar, siempre tendrá consecuencias.
En aquel tiempo, el pueblo había soportado el ataque del enemigo y el efecto de sus devastaciones. El hombre, en la actualidad, también tolera el ser despojado y atormentado por el adversario y sus huestes espirituales. Por eso, como entonces, podemos decir: “Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente”, con heridas que “no están vendadas ni suavizadas” (vv. 5, 6), y eso tan solo puede curarlo el Señor.
Al ver que sucede esto, surge también la pregunta: “¿Por qué querréis ser castigados aún?” (v.5).
Si esto es producto de haber vivido perdidamente, quien esté padeciendo, debe detenerse y volverse a Dios.
Si sufres y las cosas no te salen bien. Si ya no puedes con todo el dolor que te agobia, entrégale tu vida a Cristo. Recíbelo ahora como tu salvador.
Dios espera que te arrepientas y te conviertas.
Pensamientos para reflexionar
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