“Sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor” (2 Timoteo 2:22)
“He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo” (Salmo 51:6)
Cómo venimos viendo, se requiere que toda congregación cristiana, no solamente predique la sana doctrina bíblica, sino que camine en ella.
Alguien contaba que, en una ocasión, visitando una congregación, escuchó una predicación muy profunda y espiritual. Pero, inmediatamente luego de la predicación, quien había tomado la palabra, se encontraba conversando de futbol con los demás hermanos a las risotadas. Lamentablemente, nadie permaneció en ese clima tan espiritual de las verdades bíblicas presentadas. También en otra reunión se habló de la posición del cristiano, del mundo y la santidad… Pero viendo los estados que subían los hermanos a las redes, se notaba que, si bien hablaban cosas muy espirituales, el mundo los cautivaba y no vivían lo que predicaban. A veces, la preparación académica, el conocimiento bíblico, etc. nos pueden llevar a que nuestras palabras vayan mucho más lejos de lo que va nuestro corazón.
Esto duele, pues nos toca a todos. En otros sitios, también se vio, como, donde se enarbolaba la bandera de la Unidad del Cuerpo de Cristo, a pesar de la sobriedad del lugar, nadie se interesaba por nadie, mostrando muy poco amor hacia los hermanos. Predicar algo y vivir lo opuesto, no es de Cristo.
Quienes vivan en el mismo espíritu y amor hacia la Palabra y las almas, como cuando están congregados, serán buenos testigos de Jesucristo, no teniendo otra vida que aquella que muestran cuando están reunidos.
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