“Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho” (1 Corintios 15:20)
La verdad de la RESURRECCIÓN es de vital importancia para la fe, y parte integral del Evangelio de la Gracia de Dios.
Aunque ninguno de nosotros oyó predicar a Pablo, sabemos por las Escrituras que enseñaba:
Éste es “el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis… Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1 Corintios 15:1,3,4).
La muerte, sepultura y resurrección de Cristo conforman el Evangelio, el cual no está completo si no se menciona la resurrección, que es la prueba cabal de que Dios quedó satisfecho en el juicio ejecutado en la cruz del calvario, donde Jesucristo murió llevando “el mismo nuestros pecados” (1 Pedro 2:24) y luego resucitó. Este hecho, es nuestra seguridad.
“Jesús, Señor nuestro… el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:24,25).
Su resurrección lo declara “Hijo de Dios con poder” (Romanos 1:4), y también como quien pronto juzgará al mundo con justicia (véase Hechos 17:31).
Siddhartha Gautama (Buda), el fundador del budismo, murió. Mahoma, último profeta y líder del islam, también al igual que Confucio y Lao Tse, los célebres filosos chinos creadores del confucianismo y el taoísmo respectivamente. Todos murieron. Sólo Jesús murió por nuestros pecados, pero resucitó y está vivo.
¡Sólo los cristianos tenemos un Salvador vivo! ¡Aleluya!
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