“Entonces respondió Jehová… ¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia. ¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes? ¿O quién extendió sobre ella cordel? ¿Sobre qué están fundadas sus bases? ¿O quién puso su piedra angular…” (Job 28:1,4-6)
El hombre dice: Hay verdades de la razón y verdades de la fe … Las de la razón son aquellas que se alcanzan mediante el intelecto, la lógica, la demostración, etc. Las de la fe son las que se aceptan por revelación divina, excediendo la capacidad de comprensión de la mente humana.
Esto para muchos es inaceptable, pero, como dijo Blaise Pascal: «El corazón tiene razones que la razón no entiende» … Y deberíamos ser más humildes cuando se trata de las cosas de Dios, reconociendo nuestra limitada comprensión.
El hombre conoce en cierta medida las cosas del hombre (ver 1 Corintios 2:11). Pero no tiene la capacidad de interpretar a su creador, que está por encima de los parámetros humanos. Un Dios que creo la materia, el espacio donde colocarla y el tiempo… y que, por lo tanto, no es material, ni espacial, ni temporal. Un Dios eterno e infinito, el cual escapa a nuestra escasa comprensión. Negarlo, no es señal de sabiduría sino de necedad. Lógicamente, muchos no quieren aceptar la existencia de Dios, pues si lo hacen tendrían que reconocerlo, obedecerlo y no quieren eso.
El hombre, necesita una revelación de Dios y de las cosas divinas, por eso Dios nos dejó su Palabra, la Biblia, la cual haremos bien en leer y meditar, pues, estamos llamados a aceptarlo y a reconciliarnos con él, creyendo en su hijo Jesucristo, como nuestro Salvador.
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