“Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré” (Salmos 5:3)
“Si mal viniere sobre nosotros, o espada de castigo, o pestilencia, o hambre, nos presentaremos delante de esta casa, y delante de ti, (porque tu nombre está en esta casa,) y a causa de nuestras tribulaciones clamaremos a ti, y tú nos oirás y salvarás” (2 Crónicas 20:9)
Muchas veces, los cristianos nos encontramos en situaciones ante las cuales no sabemos cómo actuar. Más aún, cuando son circunstancias sin precedentes, o donde no se puede hallar una respuesta porque son casos muy particulares. Allí, debemos seguir las instrucciones de la Biblia, dejando de lado los sentimientos. Y si no encontramos instrucciones claras al respecto, tenemos que orar, dejando el problema delante del Señor, para que nos ilumine, tal como actuaban los hombres de Dios.
En tiempos de Esdras y Nehemías, hubo algunos que no pudieron probar su genealogía sacerdotal, y apesar de las necesidades que tenían de estos servidores, se les mandó abstenerse “de las cosas más santas hasta que no hubiera Sacerdote con Urim y Tumin” (Esdras 2:59-63). Pues allí, bajo esa luz divina se vería Su voluntad (el significado de Urim y Tumim es «luces y perfecciones»).
Moisés, cuando se encontraba ante una situación donde no tenía instrucciones para saber cómo actuar, ponía la causa delante de Dios y esperaba hasta recibir una respuesta precisa. (Véase Números 9:6-8,15:32-35, 27:5). Eso es lo que debemos hacer, obviamente, sin olvidarnos del tema, sino manteniéndonos en oración, esperando la respuesta de Dios. Pues, dejar simplemente que pase el tiempo, olvidándonos del caso y de las personas involucradas, como quien se saca un problema de encima, no soluciona nada, sino que por el contrario tendremos responsabilidad y nos será reclamado por el Señor.
Pensamientos para reflexionar
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