INCRÉDULOS Y CREYENTES (1)

“¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (Isaías 8:20)

 “Para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito” (1 Corintios 4:6)


Bíblicamente, los incrédulos son aquellos que rechazan a Cristo o no creen en él como su salvador.

Los creyentes, por el contrario, son aquellos que creen en Dios y creen en Jesucristo como su Salvador. Los verdaderos creyentes le creen a Dios, por lo tanto, creen en lo que Dios dice en su Palabra: La Biblia.

Esto es notablemente claro, el problema se presenta, cuando las personas incrédulas dicen ser creyentes. Por eso, hay personas que profesando ser “creyentes” no creen en la Biblia. Desechan el relato bíblico y creen en la evolución y están de acuerdo con los incrédulos en que el hombre viene del mono y que la humanidad data de al menos 300.000 años…

Ese desprecio por la Biblia, abre en ellos una puerta a toda clase de imaginaciones que el diablo aprovecha. Pues, una vez que uno niega una parte de lo que Dios dice, sigue negando, todo cuanto no comprende, o con lo que no esté de acuerdo.

Por eso, hay quienes profesando ser creyentes, creen en la reencarnación y en un sinfín de doctrinas de demonios y supersticiones, enseñadas por quienes niegan a Dios y a su Palabra.

Los creyentes no obran así. Porque “El que es de Dios, la palabra de Dios oye” (Juan 8:47) y “al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños” (Juan 10:5)

Continúa en la parte 2


Pensamientos para reflexionar

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