HIJOS DEL RIGOR

“¿Hasta cuándo, oh simples, amaréis la simpleza, Y los burladores desearán el burlar, Y los insensatos aborrecerán la ciencia? Volveos a mi reprensión” (Proverbios 1:22,23)

“No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, que han de ser sujetados con cabestro y con freno, Porque si no, no se acercan a ti” (Salmo 32:9)


Hijos del rigor es una expresión muy conocida, que designa a aquellos que para actuar correctamente o cumplir con sus obligaciones deben ser presionados, amenazados o castigados, en lugar de responder naturalmente por amor.

Dios dice en su Palabra: “No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, Que han de ser sujetados con cabestro y con freno, Porque si no, no se acercan a ti” (Salmo 32:9)

A veces, para que reaccionemos, nos hace falta el sacudón de alguna forma de sufrimiento. Nunca somos tan espirituales como cuando estamos atravesando una prueba. Nunca tan atentos con el que sufre como cuando lo vemos sufrir. Bajo presión leemos más la Biblia, nos quejamos menos, y oramos más. El dolor nos mantiene bajitos y en esa posición estamos hermosamente bien con el Señor y lo disfrutamos.

Todos reconocemos que valoramos más las cosas cuando nos faltan, como reconocemos más el valor de nuestros padres, cuando ya no están con nosotros. Quisiéramos volver atrás los días, cuando los desperdiciamos y pasaron…

Los cristianos, no debemos comportarnos como hijos del rigor, sino como hijos del amor. Dios no nos amenaza ni castiga para que nos portemos bien, sino que muchas veces, es nuestro propio comportamiento el que nos hace sufrir.

No esperemos  estar mal para vivir bien. No esperemos padecer para darnos cuenta. Pongamos plenamente nuestra vida en manos de Dios  y caminemos con Cristo.


Pensamientos para reflexionar

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