(Leer Marcos 9:14 al 29)
“Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Marcos 14:38)
“Sed, pues, sobrios, y velad en oración” (1 Pedro 4:7)
“Absteneos de toda especie de mal” (1 Tesalonicenses 5:22)
La recomendación de oración y ayuno, sugieren que ciertos casos de opresión demoníaca, o pruebas espirituales requieren una dependencia más profunda de Dios. Una comunión más intensa, marcada por oración y ayuno en el sentido espiritual. Pues, de lo contrario, llenos de cosas que alimentan la carne, no puede haber efectividad y concentración ante situaciones de tal magnitud.
Sin embargo, esto no quita, que la oración y el ayuno intenso, sean necesarios no solamente por el tipo de posesión, sino por el tipo de situación en la que nos encontremos. Los discípulos, se encontraban disputando con la multitud, y ante un cuadro muy grave, cuando, reprendiendo al demonio no tenían respuesta. Situaciones así, donde se manifiesta nuestra ineficacia, no se revierten, sino con una vida de más comunión con el Señor, reflejada en la oración y el ayuno espiritual, que es, abstenerse de las cosas que alimentan la carne.
En este sentido, queridos hermanos, pensemos siempre cuando flaqueamos en nuestra fe. ¿Con qué nos estamos alimentando? ¿De qué estamos llenos? Quizás sea de “cosas lícitas”. Pero si esas cosas, ocupan el lugar o alteran la comunión con nuestro Señor, debemos desecharlas, pues no convienen.
Debemos reconocer con humillación que, muchas veces, nos llenamos de cosas que no pertenecen al reino de Dios, sino que son cosas del mundo, y que están para hacer más amena la vida, pero que no edifican espiritualmente.
Pensamientos para reflexionar
Todos los escritos