Dijo Jesús: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar… y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:28)
Vivimos en un mundo lleno de sobresaltos, que producen en nosotros consecuencias. Además, todos tenemos problemas existenciales, los cuales, a veces, nos hunden en verdaderas crisis de dudas y angustias.
Cuando el alma necesita a Dios, las personas precisan conocer a Jesucristo: para disipar sus dudas, terminar con los miedos, solucionar lo que los agobia y especialmente, recibir el perdón de sus pecados y la vida eterna.
Sin duda existen personas con experiencias de vida y situaciones muy difíciles. Pero: “¿Hay para Dios alguna cosa difícil?” (Génesis 18:4), “Nada hay imposible para Dios” (Lucas 1:37).
Lo que debemos reconocer, es que la mayoría de los problemas con que nos encontramos, son, directa o indirectamente, el resultado de haber decidido y actuado, sin tener en cuenta a Dios. Para solucionarlo, debemos hacer el camino inverso. Es necesario, reconocer nuestro obrar independiente de Él y confesárselo. Abrir el corazón, y recibir a Cristo como nuestro Señor y Salvador. Luego, todo cambiará. Y aunque los problemas sean grandes como un monte, podremos decir: “¿Quién eres tú, oh gran monte?” Delante del Señor “serás reducido a llanura” (Zacarías 4:7). La vida se ordenará, muchos problemas desaparecerán; y aquellos que persistan, serán vividos de otra manera.
Si el Señor no cambia algunas situaciones, su gracia nos ayudará a sobrellevarlas sin sentirlas tan pesadas como antes, y sabremos por fe, que son, para a la postre hacernos bien (véase Deuteronomio 8:16).
Pensamientos para reflexionar
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