“Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír… y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (Hebreos 5:11-14)
En psicología se dice popularmente, que, quienes se niegan a crecer y evitan asumir responsabilidades inherentes a la madurez, padecen el síndrome de Peter Pan.
Aunque parezca risueño, es un asunto serio, cuando en el ámbito espiritual, quienes deberían encargarse de determinadas cuestiones, se niegan a crecer y evitan asumir sus responsabilidades cristianas. Esto es muy perjudicial, pues contribuye a la formación de cleros en lugar del ejercicio de los dones.
Alguien podría preguntar: ¿Cuándo un creyente se niega a crecer? La respuesta bíblica es sencilla: Cuando se hace tardo para oír (Hebreos 5:11). Cuando por pereza o apatía, no desea leer ni oír la Palabra de Dios. Esto es lamentable, pero sucede, como les ocurrió a los cristianos hebreos.
Es triste ver que pasa el tiempo y algunos creyentes no crecen ni desean hacerlo. Cuando a pesar de llevar años en la fe, aún no están listos para gustar el alimento sólido de la Palabra.
Quien se niega a crecer y no lee la Biblia, no tiene inquietudes espirituales, ni discierne el don que Dios le ha dado. Asiste a las reuniones, pero deseando que todo sea de lo más simple, evitando porciones doctrinales más demandantes, para no sentirse incitado o despertado con amonestación (2 Pedro 1:13). Quienes actúan así, no quieren prepararse para asumir compromisos con el Señor.
Debemos orar a Dios y exhortarnos entre los hermanos para que esto no nos suceda.
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