“Miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu” (Eclesiastés 1:14).
“Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma” … “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano” (Isaías 55:2, 6).
En la Biblia está escrito: “Todo… es vanidad”, es decir, todo lo que se hace separado de Dios debajo del sol, es insatisfactorio y no puede darle un sentido pleno a la vida.
La palabra vanidad, no es como pensamos, simplemente presunción. Actualmente, es fácil reconocer que “Todo… es vanidad”, cuando las personas exponen lo que hacen de manera jactanciosa, alardeando con sus logros y sus bienes, para que todos lo vean. Pero, la palabra vanidad en la Biblia tiene otro sentido. Nos habla de algo pasajero que es como un soplo, una niebla que se desvanece, una cosa transitoria que no tiene contenido. Cuando lo pensamos así, comprendemos bien porque todo cuanto se hace sin tener en cuenta a Dios, es algo vano, vacío, fugaz, que, aunque parezca bueno y bienintencionado, no termina de satisfacernos. Quien sea sincero, reconocerá que ha hecho muchas cosas pensando que valían la pena, que eran un éxito en su vida, pero al final simplemente fueron vanidad.
Sin Dios, la ecuación no cierra nunca. El hombre no puede vivir feliz, ni encontrarle sentido a la vida si sigue separado de su creador. Por eso, hoy decimos: “Volveos a Dios” (Hechos 3:19 VM) y “Reconciliaos con Dios” (2 Corintios 5:20), porque así lo pide la Biblia. Dios nos ofrece su salvación y nos invita a tener una vida plena con Jesucristo, en quien es necesario creer y recibirlo como salvador.
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