“Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido” (2 Juan 1:10)
“¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (Isaías 8:20)
Comúnmente, suele decirse, no debemos confundir arena con pan rallado, pues se parecen a simple vista pero son cosas completamente distintas. Efectivamente, hay posturas filosóficas y doctrinas de hombres que tienen similitud con la enseñanza bíblica, pero no es lo mismo. Satanás, sabe bien que las mejores mentiras son las que tienen parte de verdad, entonces, tomando parte de ciertas verdades bíblicas las distorsiona y con apariencia de piedad la presenta a quienes con toda ingenuidad y simpleza la reciben como si fueran justas.
Por ejemplo, hay pensamientos que circulan, que si los recibe un creyente, al tomarlos cristianamente, puede pensar que resaltan algo de Cristo. Sin embargo, circulan para alentar y exaltar la condición humana. Tienen algo de cierto, por eso parece justo, pero no conservan ese sentido verdadero. Los principios espirituales, son como las líneas paralelas. Para que sean justas deben mantenerse en una dirección y distancia constante, sin desviarse ni un ápice, ya que si lo hacen, aunque al principio no se note, terminarán completamente alejadas o chocándose.
Por eso, muchos confunden las enseñanzas de las religiones orientales, los mensajes humanistas o cosas por el estilo, con las enseñanzas cristianas creyendo que son casi lo mismo.
Los cristianos debemos guiarnos por la Palabra de Dios, la Biblia. Por eso: ¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (Isaías 8:20)
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