Con frecuencia las personas preguntan: ¿Hay algún pecado que Dios no pueda perdonar en Cristo, a quien habiendo reconocido el mal que ha hecho lo haya confesado verdaderamente arrepentido de corazón? La respuesta es sencilla: NO. Pues, Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad (1 Juan 1:9) y la sangre preciosa de Cristo nos limpia de todo pecado, ya que al corazón contrito y humillado, Dios no lo deshecha. (1 Juan 1:7 y Salmo 51.17) Sin embargo, algunos dicen que Dios perdona todos los pecados, pero, ese perdón es pleno solamente para el cielo, mientras que para la tierra, hay algunos pecados de los cuales el hombre no puede desatarse y por lo tanto, esto lo excluye de la santa comunión a la Mesa del Señor.
Esos pensamientos, expresados así, suenan a herejía, ya que restan valor al sacrificio de Cristo, hecho en la cruz del calvario.
Comprendemos que ciertos pecados en los creyentes hacen blasfemar a los enemigos de Dios (2 Samuel 12:14) causan dolor en la Asamblea y desmoralizan a los hermanos de la congregación. Por otro lado, comprendemos que todo servicio requiere que el siervo gane para sí un grado honroso y mucha confianza en la fe (1 Timoteo 3:13) y que esto, como lleva tiempo lograrlo, quien pecó, aunque haya sido restaurado, se encuentra por un tiempo limitado para realizar ciertas tareas, hasta que con el tiempo que siempre es el mejor testigo, su corazón se haga evidente y tenga la libertad para poder ser utilizado limpio a los ojos de todos. Todas estas cosas son entendibles y prácticamente innegables. Pero, que la disciplina, o mejor dicho que el acto de excomulgar a quien haya pecado, sea para siempre, y que a pesar de su arrepentimiento y la confesión de su pecado, no se le permita volver, [esto oficialmente o de manera velada] a la comunión a la Mesa del Señor, ya es otra cosa mucho más seria.
Efectivamente, existe lo que suele llamarse el gobierno de Dios, que corre a la par de su gracia. Aclaramos esto, pues muchas veces para justificar la forma de excomulgar, se dice que esa manera de actuar, es debido al gobierno de Dios. Los que piensan así, dicen que quien pecó, si se arrepiente, se aparta del pecado que cometió y lo confiesa a Dios, encuentra el perdón y la restauración divina, pero, muchas veces, no podrá evitar llevar o sufrir consecuencias debidas al pecado que cometió. Esa interpretación a la luz de las Sagradas Escrituras, cuando se aplica a la comunión de los santos, es equivocada. Pues, el gobierno de Dios, aplica a ciertas cuestiones que deben sufrirse a pesar de estar perdonado, sin poder evitarlas, pero relativas a la vida normal que continúa, no a la comunión con Dios y los hermanos. Pues, si quien deshonró a Dios pecando, solucionó su pecado delante del Señor que es el Santo y verdadero, y el Señor lo perdonó y su comunión ha sido restaurada, los hermanos, no pueden argumentar nada más.
Muchas veces, los creyentes, en nuestro celo por guardar la santidad en la Asamblea, manifestamos un celo de Dios que no es conforme a ciencia (Romanos 10:2) Y en casos como los que presentamos, sin duda es así. Obviamente, no hay ánimo de estar cometiendo una herejía, sino, falta de conocimiento y de fe, ante ciertas circunstancias y situaciones de disciplina que puedan presentarse.
Otras veces, podría ocurrir que por cuestiones personales y rivalidad entre hermanos o, por temor a hacer algo que siente un mal precedente y que luego se presenten otros casos y no saber cómo proceder, se excluye al que busque volver a gustar de la comunión con los hermanos, o se lo deriva a otro círculo de reunión, pensando que con eso la asamblea se libra. Pero no es así. Dios dice en su Palabra que hay que tener mucho cuidado de no afligir a los hermanos: “Pues si clamaren a mí, ciertamente oiré yo su clamor y mi furor se encenderá” (Éxodo 22:23,24)
En ningún momento, con esto queremos debilitar el pensamiento de Dios naturalizando el pecado. Hablamos, en el supuesto caso de alguien que, habiéndose arrepentido y confesado su pecado, se consume en demasiada tristeza no pudiendo volver a la comunión a la Asamblea, por interpretaciones cuestionables. Pues son interpretaciones privadas de ciertos temas y verdades bíblicas que, como reverlos podría traer inconvenientes, se considera mejor seguir adelante, y en el supuesto caso que se presente un caso de esa naturaleza, deshacerse de él cerrándole la puerta y remitiéndolo a otro lado.
¡Cuidado hermanos! La cristiandad cayó en una liviandad muy grande y a veces, para evitar deslizarnos en ese sentido, corremos el riesgo de irnos hacia el otro extremo, al del legalismo. Cayendo en la imposición de leyes y prohibiciones que, están más allá de lo que se puede sostener con una sana interpretación de las Escrituras. Eso, nos hará pecar, pues es el germen de todo clero, que se caracteriza porque por un lado se usurpan los derechos del Señor, negando lo que él no niega, y obrando como él no obra, y por el otro, usurpando los derechos del adorador quien ante una decisión de Asamblea no podrá hacer nada quedando desplazado.
Las cosas de Dios son simples y no por eso dejan de ser profundas, santas y justas. Por eso, para quienes se preguntan si hay pecados perdonados solamente para el cielo, le decimos que no es eso lo que enseñan las Sagradas Escrituras.
Por ejemplo, si alguien que haya pecado esclavizándose a un vicio, luego tiene en su vida de convertido a Cristo que sobrellevar una enfermedad debido a su antigua vida, eso no quiere decir de ninguna manera que ese pecado no haya tenido perdón para la tierra. Situaciones así, de enfermedad, de tener que hacerse cargo por lo hecho ante la justicia de los hombres o cosas por el estilo, podría pasarle a quien se haya arrepentido de sus pecados y vuelto a Cristo, lo que no debería pasarle, es que, por cosas pasadas, las cuales no hacen a su presente en Cristo, sea desechado de la comunión de los santos para siempre. Pues. Dios perdona y restaura completamente.
¡Bendito sea nuestro Dios! “¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia” (Miqueas 7:18)
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