CADA CUAL VIVE A SU MANERA

“Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7:37,38)

“A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche. ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia?” (Isaías 55:1,2)


Todos sufrimos la vida de alguna manera, pues, desde la introducción del pecado en el mundo, las cosas no son como deberían ser. Creyentes e inconversos sufren bajos las consecuencias del pecado y cada uno lo vive de manera distinta.

Los que no conocen a Dios, ni viven en su comunión, tratan de hacer la vida sobre la tierra más agradable, sin pensar demasiado en todo lo existencial que pueda inquietarlo. Así busca llenar sus vacíos en cosas gratificantes, divirtiéndose. Busca el bien en el placer. Y todo cuanto le cause placer, lo practicará sin importarle más nada. Pero, lamentablemente, eso no le saldrá gratis, pues el que siembre para la carne de la carne cosechará corrupción. Y quien vive en el pecado, cosecha a larga las consecuencias de lo que hace.

Por otro lado, el creyente, si vive en la condición espiritual en la que Dios lo colocó ahora que está vinculado con Jesucristo, no busca el bien el placer de la carne, sino que encuentra su placer en el bien, y puede decir verdaderamente. “Todas mis fuentes están en ti” (Salmo 87:7) “En la ley de Jehová está su delicia” (Salmo 1:2) Y fuera del Señor, nada desea en la tierra (Ver Salmo 73:25) Pues su vida antigua en la carne y todo lo referente al viejo hombre, finalizó en la cruz.

¿Con cuál de las dos clases de personas te identificas?


Pensamientos para reflexionar

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