“Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí” (Romanos 7:18-20)
Hay una fábula que dice que una vez, el diablo fue y soltó a un caballo que estaba atado. El caballo entró en la finca del vecino y se comió lo sembrado. Furioso el dueño de la finca mató al caballo. El dueño del caballo, al enterarse lo sucedido, tomó su escopeta y mató a su vecino. La mujer del vecino vengó la muerte de su esposo matando al dueño del caballo. El hijo del dueño del caballo, también tomó venganza y mató a la mujer. Los vecinos enardecidos fueron y mataron al muchacho y quemaron su casa. Alguien viendo tanto desastre, le preguntó al diablo: ¿Por qué hiciste tanto daño? El diablo contestó. Yo, solo solté al caballo…
La moraleja es simple. Muestra que el mal está dentro de las personas y que con muy poco se puede originar el mayor de los conflictos, no siendo siempre el diablo el responsable de todo.
Así lo enseña la Biblia, cuando habla del pecado que mora en el hombre y sus manifestaciones. Poco se necesita, para que en nuestro ámbito se produzca un desastre. Basta con tomar una decisión equivocada, aceptar una invitación indebida, permitir que nuestros hijos vayan a donde no deberían, o romper cualquier ligadura que nos contenga (Salmo 2:3) Luego todo se dará solo. Porque la carne siempre está presta y no se detiene en consideraciones, aunque luego sufra los daños.
Pensamientos para reflexionar
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