“Yo el Señor…y a otro no daré mi gloria” (Isaías 42:8)
“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26)
Hay una verdad fundamental que todo cristiano debe conocer, más allá de lo que se le imponga como doctrina o dogma de fe. Y es la de saber quién es verdaderamente el Vicario de Jesucristo.
Según el diccionario, VICARIO significa: Que tiene el poder y facultades de otra persona o la sustituye.
Tomando en cuenta lo que implica el término, queda muy claro que no puede ser un hombre el «vicario» de Cristo.
La Biblia nos enseña que El Señor Jesús, no ha dejado a ningún hombre en lugar suyo como vicario, para que se ocupe de los salvos, por la sencilla razón de que, aunque él haya subido a los cielos, sigue ocupándose de nosotros con toda solicitud: “Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” (Romanos 8:34), “por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:25).
El único mencionado por el Señor Jesús, para que esté con nosotros durante su ausencia física y nos enseñe todas las cosas, es el Espíritu Santo: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad” (Juan 14:16,17 y 15:26).
Por lo tanto, no podemos reconocer a ningún hombre como vicario de Cristo.
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