INSTRUMENTOS EN MANOS DE DIOS

“Mirad lo que hacéis; porque no juzgáis en lugar de hombre, sino en lugar de Jehová, el cual está con vosotros cuando juzgáis. Sea, pues, con vosotros el temor de Jehová; mirad lo que hacéis, porque con Jehová nuestro Dios no hay injusticia, ni acepción de personas, ni admisión de cohecho” (2 Crónicas 19:6,7)


En el Antiguo Testamento, vemos que muchas veces para juzgar y disciplinar a los suyos, Dios utilizó como instrumentos o herramientas, a naciones y reinos. Y que, luego, esos mismos pueblos fueron castigados debido a su crueldad, soberbia, o por excederse en el escarmiento. Esto sucedió con el poder Asirio que fue usado como vara de Dios para castigar a Israel, y con el imperio Babilónico que fue el azote divino utilizado para destruir Jerusalén y llevar cautivo a Judá. (Véase Isaías 10:5,12 y Jeremías 50:17,18).

Porque el Señor, al que ama disciplina (Véase Hebreos 12:6) y en el pueblo de Dios las cosas no pueden quedar sin ser juzgadas. Pero, ¡Cuidado! “No te ensoberbezcas, sino teme” (Romanos 11:20). Porque Dios está contemplando todas las cosas y luego pedirá cuentas.

Por eso, Dios le dice a la Iglesia: “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado” (Gálatas 6:1). Un encargo dado a personas consideradas espirituales, para que se ocupen de la falta, pero no como elementos punitivos, sino como medios de restauración, pues la finalidad de la disciplina no es el castigo, sino la rehabilitación. Y el Señor, quien está por encima de todo, quedará pendiente del resultado de este trabajo espiritual, pero también de la forma en la que se lleve a cabo.


Pensamientos para reflexionar

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