POR LA CARNE O EL ESPÍRITU

“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis” (Gálatas 5:17,18)

“Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; más el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (Gálatas 6:8)


Los creyentes, como los autos con GNC tenemos dos tipos de propulsión que nos pueden hacer andar. En los automóviles es nafta o gas natural comprimido. En el creyente es ser movido por la carne, o por el Espíritu Santo. Ni los automóviles ni los creyentes pueden ser movidos por la propulsión de estas dos cosas a la vez, pues estas cosas se oponen (Gálatas 5:17)

Debemos tener en cuenta que la fuerza de la carne mueve al hombre a obrar toda clase de cosas, inclusive las que los demás ven como justas, nobles y santas. Por eso, alguien puede por la carne hacer obras de caridad, filantropía, o servir en las actividades de la iglesia. Y no basta con ser un hijo de Dios para estar exento de tal conducción. Por este motivo, muchas personas que han servido en la Iglesia se retiran y luego se ven inmersas en las cosas del mundo, pues, evidentemente, lo que los condujo a irse, o, lo que hacía que se congregaran, no era el Espíritu Santo, sino que estaba la carne como propulsión detrás de ellas.

Tengamos en cuenta que la carne es altamente religiosa y legalista, por eso no todo aquel que defiende un punto doctrinal enfáticamente es siempre conducido por el Espíritu Santo. Pero todo aquel que se conduce en el Espíritu es bienaventurado, pues de la carne solo cosechará corrupción. (Gálatas 6:8)


Pensamientos para reflexionar

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