¿QUÉ SIGNIFICA SER BORRADO DEL LIBRO DE LA VIDA?

PREGUNTA:

Si la salvación no se pierde, ¿Cómo  debe interpretarse entonces “El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles” (Apocalipsis 3:5)?   ¿No tenemos en este versículo una referencia a la pérdida de la salvación?

RESPUESTA:

Para dar respuesta a la pregunta, es necesario pensar en el significado de lo que realmente es el libro de la vida, para interpretar correctamente la declaración de (Apocalipsis 3:5) Teniendo en cuenta primeramente,  que la salvación, no es la recompensa de Dios a la fidelidad del hombre, el premio por sus buenas obras; ni la consecuencia de haber hecho nada para completar, ni mantener, lo que ha hecho Dios en Cristo Jesús. Por lo tanto, no se gana, ni se pierde, se obtiene por gracia, mediante la fe.

Cuando Dios nos habla de un libro, es para hacernos ver de una manera clara, como, a través de los tiempos, él lleva el control de todo. Que hay un registro, donde todo consta.

Véase por ejemplo: Éxodo 32:32,33, Salmo 56:8, Malaquías 3.16 entre otros

El apóstol Pablo, al hablar de Clemente, y los demás colaboradores suyos dijo: “cuyos nombres están en el libro de la vida” (Filipenses 4:3) El Señor Jesús le dijo a sus discípulos: “regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos” (Lucas 10:20) Lo cual nos hace ver, que hay un registro divino donde constan los creyentes, que se llama libro de la vida.

Por lo que vemos en la Palabra, el libro de la vida tiene al menos dos aspectos.

Uno, es el que generalmente todos reconocen. El libro en el cual, Dios anota el nombre de los salvos por su gracia “Inscriptos en los cielos” (Hebreos 12:23) Y  el otro aspecto, que es necesario considerar, es que el libro de la vida, también es el registro de la profesión cristiana, de donde uno puede ser raído o borrado.

Cuando decimos “profesión cristiana”, nos referimos a la esfera que encierra a todo aquel que profesa ser de Cristo. En esta esfera, obviamente están los verdaderos creyentes, los cuales reconocen “Una fe, un Señor, un bautismo” (Efesios 4:5) Pero,  también, aquellos que pertenecen a la fe cristiana, sin ser salvos. Que se han bautizado, pero, sin haber nacido de nuevo, como el caso de Simón el mago (Hechos 8:13, 21-23) y que dicen ser del Señor y lo son, solo de nombre.  Recordemos que el Señor dijo: No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:21-23)

Este grupo de personas que profesan ser de Cristo, que tiene apariencia de piedad, asiste a las reuniones etc. son considerados cristianos, pero,  tal como muchos de los que se congregaban en Sardis, están “Dos veces muertos y desarraigados” (Judas 12) Porque están muertos en delitos y pecados, como toda persona nacida de Adán, y muertos en cuanto a la vida eterna que profesan tener, porque “tienen el nombre de que viven, y están muertos” (Apocalipsis 3:1)

Por lo tanto, vemos que en un sentido, hay un libro de la vida, donde Dios mismo anota el nombre de los que son suyos, y como dice un himno muy antiguo: “La gracia divinal, mi nombre allí escribió, con sangre y firma celestial, Dios fiel lo atestiguó” De ese libro es imposible ser borrado, porque la salvación no se pierde, y lo atestigua quien nos salvó y dijo al Padre: “de los que me diste no perdí ninguno” (Juan 18:9)

Sin embargo, como decíamos, hay también un registro de todos los que profesan ser de Dios. Un registro mencionado “libro de la vida”  que tiene anotados los nombres de todos aquellos que en algún momento, hicieron profesión de fe e ingresaron en las filas del pueblo de Dios. Libro del cual sí, se puede ser borrado; pues, llegará el momento, en el cual el Señor pondrá de manifiesto, quien verdaderamente es suyo y quien no. “Entonces os volveréis, y discerniréis la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve” (Malaquías 3:18)

De esta clase de personas es la que habla (Apocalipsis 3:5) Los cuales, serán borrados, no  porque hayan perdido su salvación, sino por no poseerla, siendo sólo, creyentes profesantes.

Este doble aspecto, al hablar del libro de la vida, se entrevé también en el pasaje que dice: “Sean raídos del libro de los vivientes, Y no sean escritos entre los justos” (Salmo 69:28) Donde se infiere que hay un registro de los que viven, y un registro de los justos. Si los que viven, están muertos, deben ser borrados de tal libro.

Dios siempre conserva un registro de los que marchan en sus filas. Moisés, lleno de compasión por el pecado del pueblo, y estando dispuesto a morir por ellos, dijo: Te ruego, pues este pueblo ha cometido un gran pecado, porque se hicieron dioses de oro, que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito” (Éxodo 32:31,32) Aquí Moisés, de una manera figurativa, le estaba diciendo a Dios que acabara con su vida, no que le quitara su salvación.

El aspecto de la profesión cristiana sin vida, es algo que necesitamos tener siempre en cuenta, para poder interpretar correctamente las Escrituras. Por ejemplo, en (Mateo 24:45 al 51) se menciona el servicio, mientras se espera al Señor.  Y allí, vemos, en el siervo fiel y prudente, al verdadero creyente, ocupado en los intereses de su Señor, sirviendo al pueblo a Dios. También encontramos, en ese párrafo,  al siervo malvado, el cual es un creyente nominal, alguien que no es un creyente genuino , que no está expectante ante la venida del Señor y  maltrata a sus consiervos,  confraternizando con los impíos que no tienen ninguna esperanza.  Cuando venga el Señor, <en el caso de Mateo 24  la venida es la referida al Señor a establecer su reino, pero el mismo principio se aplica a los creyentes, ante la espera del arrebatamiento;> Lo castigará duramente y pondrá su parte con los hipócritas, donde será el lloro y el crujir de dientes.

Este es un ejemplo claro, de alguien que ocupó el lugar y la posición privilegiada de un siervo, profesando ser salvo, y mostró claramente que no lo era, y por eso es echado fuera.

Estimados en Cristo, estas son verdades solemnes. El cristianismo no es una religión de formas y cumplimiento de deberes santos. Es una relación personal e íntima con Cristo.  El cristiano es una reproducción de la vida de Cristo, debido a la naturaleza de Cristo que lleva en él. Es verdad que tenemos este tesoro en vasos de barro (2 Corintios 4:7) pero, tenemos ese tesoro, y somos hijos de Dios,  porque con fe verdadera, le hemos creído a Dios y recibido a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador.

La vida cristiana no se trata  de profesión, sino de salvación. Todos debemos tener la seguridad de la salvación, por la fe en Cristo Jesús; basada no en emociones, ni en confesiones de fe, producidas en masa bajo presión, las cuales siempre son de origen dudoso, sino, en la veracidad de las Escrituras que declaran fehacientemente que: “El que tiene al Hijo, tiene la vida” (1 Juan 5:12)

¡Dios bendiga su Palabra!


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