ME PREPARASTE CUERPO

“La ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan…  porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados. Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; Mas me preparaste cuerpo” (Hebreos 10:1 y 4,5)


Todas las ofrendas del antiguo Pacto hablaban de Cristo, mostrando sus distintos aspectos. Sin embargo, eran solo las sombras de los bienes venideros que nos traería su persona. La revelación perfecta y ante la cual adoramos, viendo lo grande de la salvación que ha provisto Dios, la tenemos ante la persona gloriosa de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Quien vino a nosotros desde los cielos cuando vino el cumplimiento del tiempo (Gálatas 4:4) Cumpliéndose allí la grandiosidad de lo que está escrito “Me preparaste cuerpo” ¡Qué maravilla!

El Hijo de Dios, segunda persona de la Deidad, se revistió de humanidad, naciendo como un niño en el pesebre de Belén. Las ofrendas antiguas que hablaban de él no podían quitar el pecado, era necesario que él descendiera del cielo y diese su vida por nosotros los pecadores.

Se requería que el Hijo de Dios viniera a nosotros y se revistiera de humanidad, porque para pagar por los pecadores, debía ser alguien sin pecado, y el único sin pecado es Dios. Pero para presentarse y llevar la condenación correspondiente a los hombres, debía de ser hombre. Y así se cumplió en la bendita persona de nuestro salvador. Dios le preparó un cuerpo para que pudiera ofrecerse en sacrificio por el pecado y morir en nuestro lugar. “para que todo aquel que en él cree, no se pierda más tenga vida eterna” (Juan 3:16)


Pensamientos para reflexionar

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