LOS POBRES DE ESPÍRITU QUE TIEMBLAN A SU PALABRA

“Jehová dijo así: El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies; ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo? Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra” (Isaías 66:2)


Dios está en todos lados, y sostiene a su creación. Es el salvador de todos los hombres, “mayormente de los creen” (1 Timoteo 4:10) “Habita en luz inaccesible” (1 Timoteo 6:16) Sin embargo, quiso habitar en medio de sus redimidos.

La Biblia presenta a Dios caminando con Enoc, confiándole lo que va a hacer a Abraham, hablando cara a cara con Moisés, pero recién morando en medio de los suyos, luego de la redención que se nos describe en Éxodo.

Dios lo dijo claramente. El cielo es su trono, la tierra, estrado de sus pies. Pero, tendría la deferencia de mirar y congraciarse con aquellos que son pobres y humildes de espíritu y que tiemblan a su Palabra para morar en medio de ellos.

Un hombre pobre y humilde de espíritu, no se jacta de ser crítico de Dios, cuestionador de lo que Dios dice en las Escrituras, ni demandante, tal como el espíritu del hombre actual, que parece decir que, si no comprende no cree, ni acepta, ni considera. Dios se goza en aquellos que reconocen su condición, que buscan la gracia y no se atribuyen nada.  Los que se dan cuenta de que Dios es Dios y, por lo tanto, aunque las cosas secretas le pertenecen (Deuteronomio 29:29) Aceptan por fe lo que les dice en su Palabra. A ellos, se manifiesta, los salva y los bendice con su presencia. (Mateo 5:3)


Pensamientos para reflexionar

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