LA LECCIÓN DEL GUARDAVIDAS

“… Había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor” (Marcos 5:26)

“Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos. ¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel serás reducido a llanura” (Zacarías 4:6,7)


Alguien que pasea a la orilla del río se cae al agua. La persona no sabe nadar, y al hundirse en las aguas comienza a desesperarse. Un guardavidas aparece rápidamente para socorrerla, se prepara y se queda mirándola. La persona se hunde y vuelve a salir a flote dando manotazos, para volverse a sumergir nuevamente. El guardavidas, ya listo se arroja al agua y la rescata sin dificultad. La gente le pregunta porque tardó tanto, y el hombre explicó que era necesario dejar que primero agotara sus fuerzas para que al ir en su ayuda no lo arrastrara a él también. Que era cuestión de esperar ese momento preciso para que todo saliera bien.

Este episodio, nos hace pensar en el proceder de Dios en cuanto a nosotros y a nuestra salvación. Es necesario que Dios obre, pero para que el hombre deje obrar a Dios libremente, debe primero haber agotado todas sus fuerzas. Es necesario experimentar que nada podemos hacer, para quedar solamente en las manos de Dios. Allí es cuando aparece Cristo, y nosotros nos entregamos, confiamos en él, y él nos toma en sus brazos.

También sucede así con la liberación. Mientras con nuestras fuerzas queremos vernos libre de vicios y ataduras, comprobamos nuestra nulidad. En el momento en el que reconocemos que con nuestras fuerzas no podemos, y dejamos todo en las manos de Dios, Dios nos libera.


Pensamientos para reflexionar

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